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	<title>reporterismo archivos - raphanook</title>
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	<description>Rapha Nook es una web de fotografía artística</description>
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		<title>El camino de Ruanda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Aug 2023 05:37:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[viajes]]></category>
		<category><![CDATA[ONG]]></category>
		<category><![CDATA[Ruanda]]></category>
		<category><![CDATA[ÁFRICA]]></category>
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		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el verano de 2014 estuve en Ruanda colaborando con algunas ONG y asociaciones. Este relato fue escrito durante el viaje de regreso y resume la experiencia vivida. Además, se publica un vídeo de imágenes del mismo que fue utilizado como presentación de la charla en colaboración con Mil Colinas, la ONG con la que pasé más tiempo y con la que tuve mayor implicación.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/el-camino-de-ruanda/">El camino de Ruanda</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Escribo esta entrada desde el aeropuerto de Kigali, justo antes de volver a España de un viaje, esta vez por Ruanda. Quería resumirles la historia de estas vacaciones para que conozcan las vidas de personas que hacen de este mundo un lugar más habitable y más humano, sobre todo cuando la otra parte se empeña en conseguir lo contrario. No es que los negritos sean buenas personas desde que nacen, como si el color de la piel tuviese algo que ver, niet. Sólo que hasta dónde he conocido en este periplo, estas gentes inocentes parece que nunca rompieron un plato. Según en qué sentido, cuesta bastante creer que en 1994 se pasaran unos a otros alegremente por el machete. Hagan la prueba y busquen en Google: ‘Ruanda’, en seguida les aparecerá a su lado ‘1994’, año del genocidio. Y sin embargo aquí he comprendido las palabras de Andrés Montes: «la vida puede ser maravillosa».</p>
<blockquote>
<h6><iframe src="https://player.vimeo.com/video/154839898?h=5ca9d6091b" width="800" height="450" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span><span data-mce-type="bookmark" style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe><br />
<span style="font-family: -apple-system, BlinkMacSystemFont, 'Segoe UI', Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, 'Helvetica Neue', sans-serif;">Vídeo de presentación de la charla que di en el IES La Rosaleda (Málaga) con el proyecto que inicié junto a mis alumnos y demás miembros del claustro de profesores.</span></h6>
</blockquote>
<p>El caso es que he visitado tres proyectos humanitarios de esos que cortan la respiración y anudan la garganta. Realidades tan alejadas que se escapan de las portadas de las revistas y los periódicos, evitando estúpidamente que podamos crecer con valores que harían mejor lo que llamamos «países desarrollados».</p>
<p><strong><i>Mil Colinas</i></strong> es la ONG, la fundación, la familia (como preferimos llamarla quienes hemos tenido la suerte de conocerla de cerca) que creó <strong>María Fernández</strong>, una joven educadora social de Madrid, junto con <strong>Jesús Chamorro</strong>, empresario leonés comprometido con este tipo de causas, y otras personas que colaboran y trabajan en uno de los lugares más pobres del globo. Les hablaré de ellos durante todo el curso, pues los lazos que hemos estrechado han sido firmes, y espero que duraderos. Pero ahora permítanme una ligera presentación de <strong>Rukara</strong> para que vayan penetrando en el lugar donde existe la utopía.</p>
<p>Casi todos los días los pasé en <i>Mil Colinas,</i> y María ha sido quien me ha enseñado la realidad de un país que en números se coloca en el puesto 151 del Índice de Desarrollo Humano. Hablar de esta madrileña e intentar describirla apresuradamente en un par de líneas es algo que no está a mi alcance. De momento sólo puedo afirmar que no he conocido a nadie igual, y dudo que existan personas con un corazón de semejante tamaño. La dedicación y la labor educativa y afectiva que, junto con <strong>Safari, Angelique</strong> y <strong>Olive</strong>, arropa a los niños, no sólo es encomiable, sino que, diría, es imprescindible verlo para poder creerlo. Me dedico a la enseñanza, ya saben, pero nunca vi un entorno que encajase de un modo tan cercano el concepto familiar para tratarse de una institución académica o formativa. Es decir, que aquella conclusión a la que llegaba <strong>Daniel Pennac</strong>en <i>Mal de escuela </i>toma forma en el aula de <i>Mil Colinas.</i></p>
<p>Me perdí todo este tiempo grabando vídeos y entrevistas, fotografiando hambrientos de alimentos y de afecto. Niños tratados con mayor crudeza que a un adulto, abandonados a que correteen su suerte, obligados a trabajar cuando apenas levantan un palmo del suelo. Créanme, que me los topé en carreteras y caminos con menos de cuatro años, caminando solos, a veces cargados como animales de garrafas de agua, a veces leña para la cocina. Olí el hedor que desprende la pobreza, mucha pobreza. Pequeños pelando tubérculos con un <i>«umuhoro»</i> (machete) más largo que sus hermanos mayores. Me colé hasta las profundidades de Rukara (situada a unos cien kilómetros de Kigali, la capital) para traerles un documento gráfico que pueda servirles para replantearse lo que se hayan podido plantear. Pues nuestros esquemas se parten en mil pedazos cuando ves cómo existen escuelas donde los alumnos no tienen libros y en cambio les ruge el apetito de un león por conocer eso que hay más allá de sus polvorientas calles. Asistí a mi primer parto y vi cómo cosían sin inmutarse a una mujer tras dar a luz a un peludo retoño. Pude recorrer el país y visitar la frontera con <strong>Congo</strong> y <strong>Tanzania</strong>, disfrutar de las bondades de la naturaleza viendo el amanecer en el lago <strong>Kibu</strong>, en <strong>Kybuye</strong>, y contemplar cómo se escondía el sol de <strong>Kigufi</strong> y Gisenyi. Estuve en hospitales, colegios, mercados, chozas, huertos. Conviví con varias congregaciones de monjas. Incluso conocí al obispo de Rukara, <strong>Antoine Kambanda</strong>.</p>
<p><i>Mil Colinas</i> tiene mil historias que contar. Historias rotas por el hambre, el alcoholismo. Niñas que fueron violadas, que fueron embarazadas prácticamente en la pubertad. Niños que intentaron quitarse la vida antes de vivir. Pero también esconde destellos de luz, la de la sonrisa de los ciento cincuenta alumnos que luchan por labrarse su futuro creyendo en la educación. Lo hacen en condiciones tan adversas que no es otra que una utopía lo que encierra este lugar.</p>
<p>Volveremos a hablar de ella. De momento búsquenme en su web y en su página de Facebook, y en su Twitter. Hay fotos de quien golpea las teclas de esas que uno nunca quiere que se publiquen, que cuentan cosas que hice, que hablan de donde estuve. Y cuando me hayan encontrado, olvídense de mí y lean lo que hace esta ONG, y vean a los niños de ese mundo olvidado por todos nosotros para rendirles el homenaje que se merecen quienes, como dijo Harper Lee en <i>Matar a un ruiseñor, «Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence»</i>.</p>
<p>***</p>
<p>Ahora estoy en Doha, o sea, el “mundo civilizado”. Los petrodólares y todo eso. Parada obligatoria para hacer escala hasta Madrid. La capital de Qatar posee uno de los aeropuertos más ricos del planeta, salas equipadas con ordenadores Apple y una exposición de coches deportivos cuyo valor daría de comer a toda la población de Kayenzi durante más de un año. Contradicciones.</p>
<p>En Kayenzi, al este del país, se me grieteó el alma con la asociación de discapacitados que fundó <strong>Gaudence Mukamana</strong>, una hermana ruandesa de las <em>«Misioneras de Jesús, María y José»</em>. <strong><em>Abadahemuka</em></strong> es su nombre. Allí acuden cientos de niños y jóvenes con diferentes tipos de enfermedades, sobre todo ocasionadas por sufrimiento fetal al nacer, pero también con síndrome de Down, osteomielitis (infección en los huesos), epilepsia, distintos tipos de malformaciones, etc. Son atendidos por <strong>Hiesron</strong> en una minúscula sala con escasos recursos. Hay momentos en los que uno aparta el ojo del visor de la cámara y se pregunta qué demonios ocurre. Fueron varios días los que pasé en aquel lugar apartado de la civilización, a casi veinte kilómetros de la carretera más cercana, cuestionándome muchas cosas, escuchando atentamente las historias que Gaudence me narraba junto a un álbum de imágenes desoladoras mientras yo, horrorizado, trababa de evitar que el pulso se me colapsara. También viví las inquietudes de diez risueñas aspirantes a monjas, con preguntas acerca de España que, cada noche, saeteaban en mi dirección. Igualmente, volveremos a hablar de <em>Abadahemuka</em> en posteriores ocasiones.</p>
<p>En la cola del aeropuerto para subir al avión, escucho a alguien, un chico, quejarse enérgico con palabras malsonantes y evidente indignación porque por lo visto saldremos con retraso. Imagino que estará de vacaciones. Puede que por su estado de excitación no lo parezca, pero lo está. Su indumentaria veraniega le delata las dos semanas en Tailandia, la India o Japón. Tal vez en uno de esos <i>todo-incluido</i> que te hacen la vida más fácil, y aburrida. Me pongo música en mis auriculares (<i>Erza was night</i> de <strong>Grandbrothers)</strong> mientras me pregunto quién sufre más retraso, si el vuelo o el imbécil de las bermudas horteras. Después, me detengo observando a una chica de bonitos rasgos orientales, de piel morena igual que su tierra, y el pelo del color de las noches estrelladas. El vestido le roza su cuerpo como si le acariciase con delicadeza. Es una mujer bellísima me digo a mí mismo, pues no vendría a cuento reconocérselo. Quizás si se estrella lo haga.</p>
<p>***</p>
<p>Ya por fin en Barajas, ahora <strong><i>Barajas-Adolfo Suárez </i></strong>donde repongo fuerzas con un bocata de jamón y un <i>Aquarius</i> por los que me han clavado diez euros. Eso sí, depositados en una máquina automática siguiendo las indicaciones de la cajera. Bienvenido a la civilización. De momento veinticuatro horas de viaje. Apenas he dormido. Si desvarío más de lo acostumbrado sean benévolos.</p>
<p>En <strong>Kigali,</strong> con María conocimos el proyecto de fundado hace varios años por <strong>Guy Musy</strong>: <strong><i>Street Children Project</i></strong> en inglés. <strong>Mushashi Sosiane</strong>, una chica ruandesa con una boca por la que asomaban grandes dientes nos atendió con suma presteza. El centro tiene distribuidos distintos barracones entre los que se encuentran un dormitorio para dos chicos, aulas y una pista de deportes en las que desarrollan actividades los 360 que recogen de la calle esta fundación. Tienen entre los ocho y los dieciséis años. El objetivo fundamental se centra en integrarles en la sociedad, pues sufren diversas dificultades debido a un entorno familiar poco aconsejable. Aunque hay muchos huérfanos, otros habitan en hogares desestructurados y pasan el día fuera de casa. Allí cuentan sobre todo problemas de drogas y delincuencia. Consumen marihuana, pegamento, petróleo y un polvo blanco que traen de Uganda y llaman «huesos humanos». Los monitores rondan los barrios para poder captar a nuevos niños y vigilar el comportamiento de los que ya han sido acogidos. A veces lo hacen incluso durante la noche. Su financiación depende de <strong><i>Cáritas</i>,</strong> pero Sosiane nos dice que les han advertido para que busquen la ayuda por sus propios medios. Intentan recaudar alguna cantidad elaborando collares con papel que luego pintan, aunque los ingresos que obtienen con esto son exiguos. Desde luego nos faltó tiempo cronológico y sobró mal tiempo climatológico. Cayó una tromba de agua que nos obligó a refugiarnos en una pequeña tienda de artesanía.</p>
<p>***</p>
<p>Cada vez que piso un sitio como éste me digo lo mismo: cuánta falta haría que en colegios e institutos fomentaran este tipo de viajes. Cuánta riqueza en el intercambio cultural, en la contraposición de culturas y relativización de realidades. Cuánto se aprende cuando ves cómo en otras partes del mundo no tienen absolutamente nada. Es lo más parecido a vivir un encarcelamiento a lo Edmundo Dantés. Pero parece complicado que esto llegue a darse alguna vez cuando difícilmente puede uno desarrollar una charla o un evento para tratar de enseñar tales temas. Si estamos en manos de incompetentes que no han viajado, que no han leído, que no han sentido nada, ni conocen nada, cómo queremos que nuestros hijos puedan salir de la ignorancia. Machado: <i>«Todo lo que se ignora se desprecia»</i>.</p>
<p>La educación es una utopía, aquí y allí. Sin embargo uno puede ver en ciertas caras quiénes son y quiénes no son creyentes. Lo dice un descreído. Pero qué alegría y satisfacción es comprobar que otros suspiran por saber, por aprender, conocer lo que hay detrás. Que los hay que apuestan firmes y de un modo ciego en eso que al resto se les parte el pecho al mencionarlo, pero es a lo primero que recortan cuando escasean recursos económicos. Y no me refiero, cuando critico, sólo a los políticos. Cada vez pienso con más frecuencia que no son los verdaderos responsables de este esperpento.</p>
<p>Como anuncié antes de viajar, <i>El club de los faltos de cariño </i>me acompañó en mi larga travesía. Manu Leguineche fue ameno y enriquecedor como no podía ser de otra manera quien ha brincado tantas veces saltando de mapa en mapa. Me dio ideas para afrontar el libro que estamos sopesando. Uno lee a estos grandes periodistas y aventureros y piensas: Rafalito, estás malgastando la vida, chaval; perdiendo el tiempo en estupideces… <i>El lobo estepario</i> de Hermann Hesse se coló en el último momento en mi mochila. Lejos de resultar un alivio me confirmó la angustia que a veces siento de estar atrapado en este mundo que hemos alimentado para devorarnos a nosotros mismos en un futuro no muy lejano… Y fue Joseph Conrad y <i>Victoria</i> con quien terminé mis lecturas si no tenemos en cuenta las primeras cincuenta páginas que traté de asimilar de <i>El hombre rebelde</i>, escrito por Albert Camus. Comprender un libro tan denso en el pdf del móvil resulta algo dificultoso (da gusto echar la culpa a los medios cuando en realidad es la propia incapacidad la responsable). Pero volviendo a la historia de Heyst que cuenta Conrad, se nota cuando las cosas son hechas por alguien que tiene oficio. Sin ser su libro más loado, consigue atraparte en una trama que disecciona la condición humana como lo haría en el cine el mismísimo John Ford en <i>La diligencia</i> o cualquiera de sus filmes.</p>
<p>***</p>
<p>Publicado en un viejo blog, septiembre 2014.</p>
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		<title>El peso cubano</title>
		<link>https://raphanook.com/el-peso-cubano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Aug 2023 18:47:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[comunismo]]></category>
		<category><![CDATA[cuba]]></category>
		<category><![CDATA[reporterismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Cuba la pobreza puede verse de múltiples maneras, una de ella es comprobar los precios de los productos básicos y compararlos con el salario común. El socialismo destroza todo aquello que toca y esta isla caribeña es un ejemplo de ello.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Para quienes aún no lo sepan, en mi viaje a <strong>Cuba</strong> allá por 2010, me dediqué a conocer la realidad del país, de ese sistema arcaico que ha resultado ser una ruina a lo largo de la historia. No lo digo sólo por lo económico, que siempre estuvo abocado al desastre y al colapso, sino por el mundo tenebroso en el que se convierte la vida de quienes son encarcelados en este modelo socialista-comunista. El caso es que hoy me gustaría contarles una pequeña historia de las visitas que hice con mi amigo Jose a varios lugares, ya saben, hospitales, escuelas, mercados y cosas así.</p>
<p>Como muchos conocerán en Cuba existen dos monedas. No sé si en algún otro país del mundo sucede esto, pero no es muy común. La moneda cubana es el CUP (peso cubano). Pero también está el CUC (peso cubano convertible). El CUP tiene un valor mucho más bajo que el CUC, y los extranjeros en principio tienen prohibido su uso. Si quieren conseguir cambio cuando viajan a Cuba, deben saber que sólo pueden hacerlo allí porque su moneda no tiene validez en ningún otro banco mundial. Es decir, hasta donde yo sé, ningún banco en cualquier otro país les dará pesos convertibles o les devolverá su moneda, ya sean euros o dólares, si ustedes van con CUC. Para que entiendan las equivalencias aproximadas les dejo la siguiente tabla:</p>
<p><em>1 CUC (peso convertible) = 1 dólar americano/90 céntimos de €.</em><br />
<em>1 CUC = 25 CUP (pesos cubanos)</em></p>
<p>Yo hacía el cambio de un dólar es un euro, porque las compras siempre eran de precios menores y las diferencias por tanto eran pocos céntimos. También existían otras trabas y controles curiosos como el de tener que inscribirse en un control de la tienda si utilizabas un billete de 20 CUC. Otra vez fuimos a comprar un pollo para la comida y tuve que dar mi DNI para que me apuntaran en una lista porque Jose no llevaba el suyo. Es como la idea que se comentó no hace mucho en España, la de eliminar los billetes de 500 euros para combatir la economía sumergida y el dinero negro. Hay que tener en cuenta que el salario común en Cuba está en torno a unos 500 pesos, ó 20 CUC, ó 20 dólares, ó 19 euros si quieres entenderlo mejor.</p>
<p>Explicada esta parte ahora vamos a comentar la fotografía y lo que allí me sucedió. Recuerdo que entramos para comprobar cómo la idea del embargo de Estados Unidos era un engaño, o al menos lo era en cierto del todo, no cómo lo presentaba diariamente Fidel en el periódico del Estado, el <strong><em>Granma</em>,</strong> el único medio de información. Mi amigo pidió que le enseñaran productos congelados para leer su procedencia. Efectivamente, la etiqueta «Made in USA» estaba impresa. Pero lo que me llamó la atención fueron los precios de las estanterías. Estuvieran puestos en una o en otra moneda, CUP o CUC (porque sigo sin creer a Jose cuando me dijo que eran pesos convertibles) calculen el cambio y recuerden el salario medio de un cubano. Si una mermelada de mango estaba a 180 CUP (5,5 dólares), una pasta de tomate 50 CUP (2 dólares), un aperitivo de saladitos 13,50 CUP (50 centavos), una salsa de tomate con especias 18 CUP (60 centavos), una lata de mango en almíbar 250 CUP (10 dólares)… Cómo pueden comprarlos, qué argucias deberán tramar para alimentase, cómo serán esas despensas cubanas y cuál será su dieta.</p>
<p>Ya es posible comprobar estos precios por internet a través de <a href="http://www.havanamart.com/default.asp" target="_blank" rel="noopener">Havana-Mart</a>, no hace falta viajar a Cuba. Vean ustedes mismos a qué cantidades prohibitivas para un trabajador, sea el que sea, pues recuerden que cobra lo mismo un basurero que un médico cirujano; como digo, a qué precios se venden estos productos. Lo único que les queda a quienes no pueden acceder a ellos a través del mercado negro o la corrupción es la cartilla de racionamiento, pero de ésa hablaremos otro día.</p>
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		<title>El beso de Alfred</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Aug 2023 17:46:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[ee.uu.]]></category>
		<category><![CDATA[reporterismo]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una de las imágenes más polémicas de la historia de la fotografía por no estar hecha a lo vivo, es decir, por escenificarse. Estamos ante la portada de la revista Life, donde Alfred Eisenstaedt inmortalizó a dos jóvenes besándose en Time Square en los festejos de la victoria de EE.UU. en la segunda guerra mundial.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Alfred Eisenstaedt</strong> (Dierschau, 1898) comenzó a tomar fotografías con una Eastman Kodak que le había regalado su tío cuando tenía sólo 14 años. Escapando del holocausto en Europa emigró a Norteamérica donde pronto fue contratado por la revista <i>Life</i>. La temática de su trabajo es bastante prolija y diversa: la primera reunión entre <strong>Hitler</strong> y <strong>Mussolini,</strong> retratos de <strong>Albert Einstein</strong>, <strong>Marilyn Monroe</strong>, las secuelas de la bomba de Hiroshima, etc. Hasta su muerte en 1995 mantuvo activa su cámara, creando una brillante colección personal con más de 100.000 negativos.</p>
<blockquote>
<figure id="attachment_131855" aria-describedby="caption-attachment-131855" style="width: 669px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-131855" src="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-226x300.jpg" alt="" width="669" height="888" srcset="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-226x300.jpg 226w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-300x398.jpg 300w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-600x795.jpg 600w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-768x1018.jpg 768w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand-350x464.jpg 350w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/08/portada-life-el-beso-alfred-eisenstand.jpg 1094w" sizes="(max-width: 669px) 100vw, 669px" /><figcaption id="caption-attachment-131855" class="wp-caption-text">Portada de Life para Alfred Eisenstaedt, quien inmortaliza a dos jóvenes besándose en Time Square en los festejos de la victoria de EE.UU. en la II guerra mundial.</figcaption></figure></blockquote>
<p><em>El beso</em> fue tomada el 14 de agosto de 1945 en el bullicio de <i>Times Square</i>. Varios jóvenes festejaban la victoria sobre Japón en la segunda Guerra Mundial parando a las chicas para besarlas. Parece que se trata de <strong>Glenn McDuffie</strong> el marinero de la Armada americana inmortalizado en la foto. Alfred lo siguió hasta que el muchacho dio con la enfermera de la imagen —posiblemente <strong>Edith Shain</strong>— abordada con un beso repentino y apasionado. La pareja se convirtió en una de las más conocidas en todo el mundo desde que <i>Life</i> la eligiera como portada poco después.</p>
<p>Días antes, el 3 de agosto el presidente <strong>Truman</strong> había dabo la orden de lanzar la bomba atómica. El 6 despegaba rumbo a Hiroshima la primera formación de boeing B-29. En pocos minutos una columna de humo y fuego se formó en el cielo y miles de personas murieron calcinados a 4.000 grados. Quienes lograron escapar de las quemaduras de la onda expansiva, fallecieron a los veinte o treinta días como consecuencia de los rayos gamma. Los norteamericanos esperaban la rendición inmediata de Japón, pero como esto no sucediera, arrojaron una segunda bomba sobre Nagasaki el 9 de agosto. El 14 Japón capituló sin condiciones frente a las fuerzas aliadas. Así terminaba la fase armada del conflicto.</p>
<p>El beso de Alfred es una imagen paradójica. Vemos la celebración del <i>V-J Day</i> (Victory over Japan Day) simbolizada en ese gesto romántico, pero cuando le damos la vuelta descubrimos cómo se esconde tras él el uso del arma más temida de la historia. Entre ambas bombas llegaron a causar más de 250.000 muertos, además de víctimas de malformaciones y enfermedades provocadas por la radioactividad en varias generaciones japonesas.</p>
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		<title>El día que descubrí a Meneses</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Aug 2023 09:18:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[decálogo]]></category>
		<category><![CDATA[citas]]></category>
		<category><![CDATA[reporterismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Enrique Meneses fue uno de los más grandes periodistas españoles que haya existido nunca. Un reportero incansable que nos dejó sus memorias para que disfrutáramos de sus enseñanzas. Y aquí a modo de resumen podemos aprender de su decálogo.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/el-dia-que-descubri-a-meneses/">El día que descubrí a Meneses</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row limit-width row-container" id="row-unique-0"><div class="row row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ><p>Hoy he descubierto a <strong>Enrique Meneses</strong>. Lean su decálogo del aventurero, luego hablamos:</p>
<ol>
<li>Piensa que <strong>no has heredado este planeta</strong> sino que lo tienes en usufructo y has de devolverlo mejor que lo encontraste.</li>
<li>El artículo anterior te obliga a respetar a los animales, las plantas y los minerales. Entre los primeros no solo está el hombre. Por añadidura, <strong>el más débil tiene razón</strong>.</li>
<li>La cultura occidental es la que se ha impuesto en el mundo pero no significa que sea la auténtica. <strong>Respeta el saber de los demás como el tuyo propio</strong>.</li>
<li><strong>La mujer y el niño</strong> son la Humanidad en su más puro estado. Respétalos siempre, pues son la semilla que hay en ti.</li>
<li>Lo que han fabricado las manos de hombre en un entorno, debe permanecer en ese ambiente. Lucha porque así sea.</li>
<li>El animal más feroz es menos peligroso que tú. <strong>El mayor depredador de la Tierra es el hombre</strong>.</li>
<li><strong>Si todos fuésemos iguales, este planeta sería aburridísimo</strong> en extremo. Ayuda a que todos sus habitantes sigan siendo ellos mismos y defiende sus costumbres siempre que éstas no atenten a la dignidad de sus semejantes.</li>
<li><strong>Reparar no es restaurar</strong>. Cuando destruimos un bosque, jamás lo podremos reconstruir como fue. Solo ponemos esparadrapos.</li>
<li><strong>Escucha a los indígenas y a los mayores</strong>. Sus enseñanzas te serán valiosas en el futuro. No los desprecies. Son la experiencia de nuestra estirpe, nuestra memoria genética.</li>
<li>Si eres un auténtico aventurero, <strong>sé fuerte con los fuertes y débil con los débiles</strong>. Y así, como decía Rudyard Kipling, te podrás llamar “hombre”.</li>
</ol>
<p>Escrito por <strong>Enrique Meneses</strong>.</p>
<p>Esta mañana leyendo una entrada de <strong>Gervasio Sánchez</strong> me he encontrado con esto: <em>«El pasado viernes 28 de mayo se celebró la tradicional entrega del Premio Cirilo Rodríguez. (…) Este año el jurado (…) decidió concederle el Premio de Honor al fotógrafo y periodista Enrique Meneses, uno de los mejores reporteros que ha dado este país en toda su historia»</em>.</p>
<p>Bueno, y me puse a leer lo que Gervasio había escrito de Enrique Meneses. Este hombre ha estado en tantos acontecimientos importantes de la Historia que es un libro viviente. Y ahí lo teníamos, abandonado. El libro de sus memorias: <a href="http://www.casadellibro.com/libro-hasta-aqui-hemos-llegado/1074857/2900001104504" target="_blank" rel="noopener">“Hasta aquí hemos llegado”</a> (Ediciones del Viento en 2006) es sencillamente maravilloso.</p>
<p>Esta entrada se publicó el 3 de junio de 2010, desde entonces Enrique Meneses se ha convertido en un referente, da igual que uno sea periodista o no, cualquier persona que piense en disfrutar de este mundo y tenga unas mínimas inquietudes debe tenerlo como maestro, aunque sé que no le gustaba esta palabra, Enrique no deja de enseñarte otra forma de entender la aventura de vivir.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://raphanook.com/el-dia-que-descubri-a-meneses/">El día que descubrí a Meneses</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
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		<title>Aquellos ojos en La Habana</title>
		<link>https://raphanook.com/aquellos-ojos-en-la-habana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Aug 2023 09:40:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[reporterismo]]></category>
		<category><![CDATA[guerra]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las casualidades de la vida se dan en los lugares más insospechados. Para mí fue ésta una de ellas y tuvo lugar en una plaza de La Habana, en Cuba durante uno de mis primeros viajes jugando a ser fotógrafo de reportajes o fotoperiodista.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/aquellos-ojos-en-la-habana/">Aquellos ojos en La Habana</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row limit-width row-container" id="row-unique-1"><div class="row row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell" ><div class="uncont single-block-padding col-custom-width style-color-lxmt-bg has-bg" style=" max-width:804px;" ><div class="uncode_text_column text-small text-color-108655-color" ><p>«La sorprendí mirándome fijamente a los ojos, con sus ojos azules, transparentes como dos cristales de agua. Los que se clavaron en mí durante esos segundos que parecen alargarse horas. Y su pelo rubio, y era alta y esbelta, y muy llamativa; completamente irresistible.</p>
<p>Debí de acercarme por instinto puesto que no recuerdo haberlo razonado. Mi cerebro jamás mandó esa orden, pero mi cuerpo se dirigió a ella sin más. Todo de un modo irracional, como son estas cosas; como un reflejo sin sentido que te empuja de forma natural en mitad de un torrente de impulsos.</p>
<p>Ya de cerca, el encanto fue aun mayor, diría que en aumento, como me imagino lo infinito, creciente. Me detuve justo enfrente y de nuevo sin calcularlo, le tendí la mano preguntándole su nombre. Qué sorpresa del destino —pensaba mientras tanto— alinearía los planetas para que la descubriese en aquella plaza de La Habana, allí, como si estuviera esperándome.</p>
<p>Cuando se rio, su sonrisa como la agitación de las alas de Morfeo, sopló sobre mi cara dejándome en estado de hipnosis. Anduve en ese mismo instante de la mano de Hipnos y de Nix, cayendo en el mundo de los sueños, escuchando una bellísima voz que musitaba dulce, limpia y cristalina, palabras de amor que punzaban dardos sedantes sobre mi cuerpo. Salían de sus labios como notas que danzaban en equilibrio sobre pentagramas ondulantes en continuo movimiento.</p>
<p>Casi al oído, me hablaba de la casualidad, de la pura casualidad de habernos conocido allí; los dos, españoles que pudieran haberse conocido perfectamente en cualquier librería de Madrid, no sé. Una tarde de esas de invierno, un domingo de fiestas en navidad de las de mucho frío. Abrigándose entre la muchedumbre mientras copos de nieve caen sobre los adoquines. En La Gran Vía, en Callao, en la calle Libreros. Pero no, no fue ahí el lugar donde nos encontramos. El azar nos puso en una cálida plaza, la de Armas, en La Habana, en Cuba, bajo el sol de la isla caribeña, entre el calor de esos vendedores cubanos que miman a sus libros expuestos en anaqueles de madera. Todo muy antiguo, muy usado, muy leído. Como ella.</p>
<p>Sí. Su aspecto revelaba su vida anterior. Sus arrugas hablaban de su experiencia; probablemente la de una auténtica trotamundos. Aunque aquello la hacía aún más atractiva, mucho más atractiva. Como digo: irresistible.</p>
<p>Le desvelaré quién es, porque ha transcurrido mucho tiempo y todavía hoy sigo pensando qué destino habrá querido hacernos coincidir aquel día y en aquel lugar. Supongo que alguien se empeña en confirmarme una y otra vez la certidumbre de saber que no somos nosotros quienes elegimos, que la suerte y el azar y las circunstancias de la vida te llevan por uno u otro camino; entre diferentes viajes, entre diferentes conversaciones, entre diferentes lecturas. Y a mí, por suerte, aquel sábado 28 de agosto del pasado verano me flechó su mirada de un modo fulminante «Los ojos de la guerra» y no hubo forma alguna que pudiera decirle que no.</p>
<p>Sí amigo mío, una mujer figurada la literatura, pero que me persigue desde hace años incluso en los lugares más recónditos del planeta por donde voy. He desistido de huirle y en cambio me he convertido en un promiscuo de la hoja, ya no me resisto al coqueteo en los burdeles de papel, y soy adicto a todas las faldas de la literatura, donde la mirada perversa o inocente de una portada sabe perfectamente cómo embelesarme.</p>
<p>No sé si a usted también, quizá si se fija atento cómo te observa, cómo se mueve cuando pasas a su lado… Cuidado, no se deje seducir o comprobará qué placentero resulta caer en las redes cada vez que te acecha».</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-1" data-row="script-row-unique-1" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-1"));</script></div></div></div><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-2"><div class="row no-top-padding single-bottom-padding single-h-padding limit-width row-parent"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell" ><div class="uncont no-block-padding col-custom-width" style=" max-width:804px;" ><div class="uncode_text_column" ><p>Empecé a escribir este texto en el aeropuerto José Martí de La Habana cuando salía de Cuba el pasado verano. Se me ocurrió hacer una especie de paralelismo entre un encuentro fortuito con una bella mujer y la literatura, el placer de leer, o exactamente, encontrarte con un libro que le resulta a uno muy atractivo. Como digo, no sé por qué me atraen mucho las librerías y me llaman la atención los libros; incluso el libro en sí, antes de leerlo. Desde hace mucho tiempo compro libros, incluso cuando aún no tenía un duro en el bolsillo ahorraba para comprarme libros. Ahora no puedo entrar en una librería porque me dejo una pasta, sobre todo cuando son de fotografía, o mejor, de los trabajos de esos fotógrafos aventureros que lo dejan todo para descubrir otras cosas más interesantes que lo vivido hasta ese momento.</p>
<p>El libro que les menciono no es un libro cualquiera, «Los Ojos de la Guerra» es un libro de fotógrafos, de periodistas, de escritores que participan en él recordando a <strong>Miguel Gil</strong>, un cámara español que perdió la vida en una emboscada en Sierra Leona. Lo de Miguel Gil es admirable, cada vez que le echo un vistazo a su biografía se me pone la carne de gallina y una especie de frustración personal me invade. Los cojones que hay que tener para mandar todo a tomar por culo y lanzarse en una moto de trial a los Balcanes, a la guerra de Yugoslavia, a vivir con los refugiados. Miguel era abogado y se cansó de coger todas las mañanas el autobús para ir al bufete. Lo dejó todo por sus ideas, por ese impulso altruista, humanitario, o qué narices sería… la cuestión es que se largó a la guerra con una mochila y sin un duro para convertirse en periodista y contar lo que allí pasaba.</p>
<p>En el libro «Los Ojos de la Guerra», varios periodistas (hasta setenta reporteros), entre ellos <strong>Gervasio Sánchez</strong> y <strong>Pérez-Reverte</strong>, nos hablan de Miguel al que conocieron, y de la profesión. ¡Cómo no iba yo a sorprenderme cuando aquella mañana en La Habana me encontré este libro de segunda mano, todo húmedo y amarillo? Fue un auténtico regalo del destino que hoy he querido compartir con ustedes hablándoles de lo especial que puede resultar un simple libro.</p>
<p>Aquí les dejo el enlace al libro, la página de la fundación de Miguel Gil y el documental:</p>
<p><a href="https://www.amazon.es/Ojos-Guerra-los-Biografias-Memorias/dp/8401377773/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=ÅMÅŽÕÑ&amp;crid=3BT88B436GK4G&amp;keywords=los+ojos+de+la+guerra&amp;qid=1693040882&amp;sprefix=los+ojos+de+la+guerra%2Caps%2C111&amp;sr=8-1" target="_blank" rel="noopener">Los Ojos de la Guerra, PLAZA &amp; JANES S.A. -, Barcelona, 2001.</a><br />
<a href="http://www.fundacionmiguelgilmoreno.com" target="_blank" rel="noopener">www.fundacionmiguelgilmoreno.com</a><br />
<a title="Documental en La2" href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-ojos-guerra-comienzo/1728747/?fb_action_ids=10151385069969315&amp;fb_action_types=og.recommends&amp;fb_source=aggregation&amp;fb_aggregation_id=288381481237582" target="_blank" rel="noopener">Los Ojos de la Guerra de Roberto Lozano.</a></p>
<p>**Originalmente esta entrada fue publicada en blog antiguo.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-2" data-row="script-row-unique-2" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-2"));</script></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://raphanook.com/aquellos-ojos-en-la-habana/">Aquellos ojos en La Habana</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
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