<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Opinión archivos - raphanook</title>
	<atom:link href="https://raphanook.com/category/opinion/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://raphanook.com/category/opinion/</link>
	<description>Rapha Nook es una web de fotografía artística</description>
	<lastBuildDate>Sun, 29 Jun 2025 16:02:13 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9</generator>

<image>
	<url>https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/cropped-favicon_RK_black-32x32.png</url>
	<title>Opinión archivos - raphanook</title>
	<link>https://raphanook.com/category/opinion/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Una utopía</title>
		<link>https://raphanook.com/una-utopia/</link>
					<comments>https://raphanook.com/una-utopia/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Apr 2025 07:35:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://raphanook.com/?p=135314</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una utopía no es un lugar real, sino un ideal que guía nuestros pasos, como el horizonte. Es sueño, anhelo, metáfora, impulso vital. No siempre será deseable o lo mejor, pero nunca dejará de ser necesaria. Sólo se sueña lo que no se tiene o lo que se pierde. Lo esencial es compartir ese sueño durante el camino.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/una-utopia/">Una utopía</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="p3" style="text-align: right;"><i>«El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves; básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ella o cerca de ella»</i>.<br />
—Charles Bukowski</p>
<p class="p3">¿Cuánto se habrá escrito sobre la utopía? En cierto sentido demasiado. Pero quizás nunca lo suficiente como para recoger todos los sueños imposibles, tantos como idealistas y soñadores. No hay una sola, hay utopías.</p>
<p class="p3">Etimológicamente, la palabra proviene del griego y se compone de los elementos «ou-«, que significa «no» o «ningún», y «topos», «lugar». Literalmente: “no lugar”, ”ningún lugar”. Un concepto que trata de definir un lugar que sólo existe en el mundo de las ideas y por ello inalcanzable. Fue acuñada como neologismo por el humanista inglés <b>Thomas Moro</b> en 1516. En su obra homónima se refirió así a una isla ficticia en la que todo era <i>ideal</i>. Casi siempre este tipo de <i>experimentos</i> suceden o se imaginan en islas.</p>
<p class="p3">A diferencia de la “eutopía” o lugar feliz, la utopía no necesariamente debe comprenderse como algo bueno. Simplemente es algo ideal, y no por ello quiere decir que sea deseable aunque se suponga que la idea, por ser tal, es algo perfecto. Por lo tanto, su definición es más neutra de lo que podría parecer. Sin embargo, no por ser una idealización de la realidad, deja de tener importancia. Al contrario, una utopía nos sirve para guiar nuestro rumbo, igual que el horizonte. El horizonte tampoco existe más <i>acá</i>, sólo <i>es</i> en la lejanía. A medida que te vas acercando a él, o bien desaparece, o bien continúa alejándose.</p>
<p class="p3">¿Acaso podemos soñar aquello que ya poseemos? No, a menos que tengamos la pesadilla de haberlo perdido. Sólo se sueña lo que se desea. Los sueños son imprescindibles. La vida es un equilibro entre lo que se ‘tiene’ y lo que se anhela. Lo primero nos sirve para estar satisfechos y sentirnos felices; lo segundo para no caer en el conformismo y continuar luchando por aquello que haga que nos merezca la pena la existencia. La vida trata de convertir en realidad lo que no es. La vida consiste en intentar que tenga <i>lugar</i> el ‘no lugar’. La vida es alcanzar <i>una</i> utopía. O al menos, continuar en su búsqueda. Por tanto, una utopía sí tiene lugar… en la imaginación.</p>
<blockquote>
<figure id="attachment_133380" aria-describedby="caption-attachment-133380" style="width: 1620px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-133380 size-full" src="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260.jpg" alt="" width="1620" height="1080" srcset="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260.jpg 1620w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-800x533.jpg 800w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-1024x683.jpg 1024w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-768x512.jpg 768w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-1536x1024.jpg 1536w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-350x233.jpg 350w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-300x200.jpg 300w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-600x400.jpg 600w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-uai-720x480.jpg 720w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/09/DSF1260-uai-900x600.jpg 900w" sizes="(max-width: 1620px) 100vw, 1620px" /><figcaption id="caption-attachment-133380" class="wp-caption-text">Málaga, que no es una isla.</figcaption></figure></blockquote>
<p class="p3">Y quién sabe lo que es posible de lo que no. Y qué maravilla cuando te cruzas con alguien que te lleva de la mano a ese lugar ideal que ya <i>existe</i> de sólo imaginarlo, de sólo desearlo. Una metáfora también puede ser una utopía.</p>
<blockquote>
<p class="p3">Yo sueño que estoy aquí<br />
destas prisiones cargado;<br />
y soñé que en otro estado<br />
más lisonjero me vi.<br />
¿Qué es la vida? Un frenesí.<br />
¿Qué es la vida? Una ilusión,<br />
una sombra, una ficción,<br />
y el mayor bien es pequeño;<br />
que toda la vida es sueño,<br />
y los sueños sueños son.</p>
</blockquote>
<p class="p3"><b>Pedro Calderón de la Barca</b>: <i>La vida es sueño</i> (1635).</p>
<p>Me queda decir que coincido con <b>Christopher McCandless</b>, quien antes de morir deja grabada con un cuchillo sobre la mesa de madera la siguiente frase: <i>La felicidad no es absoluta si no es compartida</i>. Una conclusión a la que llega después de meses vagando por Estados Unidos para descubrirse a sí mismo. Yo tampoco creo en utopías no compartidas, no creo en islas desiertas. Además, el sueño sólo es un pretexto para caminar, lo que importa es encontrar la compañía que durante el andar desee compartirlo.</p>
<p class="p3">¿Verdad, Bukowski?</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/una-utopia/">Una utopía</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://raphanook.com/una-utopia/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Momeñe no tiene Instagram</title>
		<link>https://raphanook.com/momene-no-tiene-instagram/</link>
					<comments>https://raphanook.com/momene-no-tiene-instagram/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Dec 2023 17:40:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[Vivian Maier]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Instagam]]></category>
		<category><![CDATA[Momeñe]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://raphanook.com/?p=133722</guid>

					<description><![CDATA[<p>En esta reflexión sobre las redes sociales y el acto creativo, con especial atención a Instagram, se cuestiona la idoneidad de esta plataforma para el arte visual. Se critican sus limitaciones visuales y se destaca la importancia de la presentación estética. Se advierte sobre la influencia negativa de la búsqueda de las múltiples interacciones en este terreno y la prisa por compartir en detrimento de la auténtica creatividad.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/momene-no-tiene-instagram/">Momeñe no tiene Instagram</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div data-parent="true" class="vc_row row-container" id="row-unique-0"><div class="row limit-width row-parent" style="max-width:804px; margin-left:auto; margin-right:auto;"><div class="wpb_row row-inner"><div class="wpb_column pos-top pos-center align_left column_parent col-lg-12 single-internal-gutter"><div class="uncol style-light"  ><div class="uncoltable"><div class="uncell no-block-padding" ><div class="uncont" ><div class="uncode_text_column" ></p>
<p class="p1"><b>Eduardo Momeñe</b> no tiente Instagram. Creo que ni siquiera una página web… Hace tiempo que leí su libro <i>La visión fotográfica</i>. Lo hice cuando ya poseía cierta andadura en esto de la Fotografía, como seis o sietes años pegándole al disparador y habiéndome chupado varios cursos, documentales y exposiciones. El libro de marras es un texto que conoce cualquiera que predica su interés por este arte y le gusta hacer fotos y eso.</p>
<p class="p1">El caso es que estos días quería escribir una entrada con la que comenzar esta web que acabo de reformar (los post anteriores son todos de páginas pasadas); y que versara sobre la exposición y las redes sociales. Especialmente en Instagram, que es la que más se usa ahora; porque ya sabemos que el tiempo es más duro y exigente con la tecnología. Y estoy seguro de que en menos de cinco años habrá pasado de moda… o no será la misma. Y también, porque he estado ausente durante varios meses y la intención no es retomar el mismo ritmo que anteriormente.</p>
<p class="p1">En cualquier caso, me gustaría reflexionar sobre dos ideas: uno, que Instagram no es un medio hecho para la Fotografía; y dos, que no se puede crear si estás pendiente de las interacciones de las redes sociales y te dejas influenciar o contaminar por todo lo que ves en ellas (lo bueno y lo malo).</p>
<p class="p1">Cada vez que viene alguien a mi estudio y ve las mismas fotos que subo a Instagram, pero en la pantalla de mis ordenadores (tengo monitores de 27 pulgadas con 4K) se queda sorprendido. Me encantaría conocer la reacción de estas personas si hubieran estado en la exposición que se hizo en 2011 de<b> </b><a href="https://www.circulobellasartes.com/exposiciones/cristina-garcia-rodero-transtempo/"><span class="s1"><b>Cristina García Rodero</b></span></a> en el Círculo de Bellas Artes de Madrid llamada Transtempo. La sala estaba repleta de imágenes de gran tamaño, algunas alcanzaban los dos metros. O más recientemente, la que hubo este verano sobre la obra de<b> </b><a href="https://www.fotografiska.com/sto/en/utstallningar/peter-lindbergh/"><span class="s1"><b>Peter Lindbergh</b></span></a> en Fotografiska, en Estocolmo… impresionante. Es evidente que no se puede comparar, pero es que Instagram es horrible para apreciar las fotos. Para empezar, no deja subirlas al formato que quieras. Prima las verticales sobre las horizontales. No puedes visualizarlas sin distracciones como por ejemplo sí permite <i>Flickr</i>. Y es impensable lo de girar el móvil para mostrar mejor las imágenes apaisadas. Por no hablar de la absurda censura contra el pezón femenino… O lo peor: es una red que ha conseguido banalizar (todo) el arte debido a la convivencia de obras de esta intencionalidad con todo tipo de selfies, vídeos y contenido trivial. El contexto es parte de la obra. Sobre esto último, soy consciente de que los intrusos son los fotógrafos y artísticas que quieren promocionarse en dicha red, pero el resultado en buena medida me temo que es ese.</p>
<blockquote><figure id="attachment_133723" aria-describedby="caption-attachment-133723" style="width: 800px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-133723" src="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-800x502.png" alt="" width="800" height="502" srcset="https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-800x502.png 800w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-1024x643.png 1024w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-768x482.png 768w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-350x220.png 350w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-300x188.png 300w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-600x377.png 600w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-uai-720x452.png 720w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO-uai-900x565.png 900w, https://raphanook.com/wp-content/uploads/2023/12/FOTO.png 1417w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-133723" class="wp-caption-text">Eduardo Momeñe, <em>Retrato con cámara Nikkormat</em>, 2016</figcaption></figure></blockquote>
<p class="p1">De otra parte… <b>Vivian Maier</b> tampoco tenía Instagram. Vale, no existía. Pero la estadounidense no publicó ni una sola foto. No ya en Internet (que tampoco existía hasta los últimos años de su vida), sino en ningún sitio. Su interés era hacerlas. Decía <b>Eduardo D’Acosta</b> que para producir un proyecto fotográfico lo primero que tienes que tener son ganas de hacer fotos. Enseguida nos entra la prisa por compartir y deseamos destacar y recibir muchos likes y mucho reconocimiento. Nos pasa a todos. Yo veo fotos o libros de fotografía y me entran las mismas ganas de hacer fotos como de jugar al baloncesto cuando de pequeño estuve en el estreno de la película de ‘Man can’t jump’. Quiero decir con todo esto que no se puede comenzar la casa por la ventana. Eres fotógrafo cuando te es imposible dejar de hacer fotos y tienes algo que decir. Lo de compartirlas creo que es algo secundario. Así le enseñó el profesor Whit Burnett a <b>J.D. Salinger</b>. Lo puedes ver en el biotopic que le hicieron llamado <i>Rebelde entre el centeno</i>. Luego Salinger, después de participar en la segunda guerra mundial y de que Chaplin le soplara la novia, y de triunfar con <i>El guardián entre el centeno</i>, se encerró en una casa en Cornish (Nuevo Hampshire) y nunca se supo más de él. “El éxito se produce en la privacidad del alma (…) no tiene nada que ver con variables externas a ti”, es lo que escribe <b>Rick Rubin</b> en su libro recientemente publicado en español <i>El Acto de Crear. </i>No quiero abusar de sus citas, pues podría escribir mil artículos con ellas ya que lo tengo todo señalado y subrayado; pero sólo una más: «El éxito popular no es un buen barómetro de una obra y valor. Para que una creación artística destaque en el plano comercial se deben alinear varios astros, y ninguno de ellos guarda relación con la calidad del proyecto (…) No es raro que aspiremos a triunfar con la esperanza de llenar un vacío interno (…) Comprender que aquello que has perseguido buena parte de tu vida no te quita las inseguridades ni te hace menos vulnerable puede provocar una depresión».</p>
<p class="p1">Pero es que, para crear se requiere silencio. Pensar, sentir, vivir… no se puede tener prisa si pretendes decir algo interesante, tratando de hacerlo de una manera distinta a como ya se ha hecho. Hay que tener cuidado con lo que se ve, pues terminamos copiando inconsciente o conscientemente aquello a lo que estamos expuestos. No olvidemos que somos enanos en hombros de gigantes… pero también podemos convertirnos en enanos en hombros de enanos. Publicamos apresuradamente, lo hacemos movidos por el ansia de obtener ese <i>like</i>, ese reconocimiento del que hablaba. Y no pasa nada por querer destacar en esta sociedad en la que predomina una competencia superficial, pero personalmente creo que las obras que tienen poso y profundidad se gestan de otro modo. Dice <b>Thich Nhat Hanh</b> que «La conciencia colectiva puede ser destructiva, como la violencia de una muchedumbre encolerizada o, de una manera más sutil la hostilidad de un grupo prejuicioso o murmurador».</p>
<p class="p1">Instagram es una gran red social porque todo el mundo la tiene. A los creadores les sirve para promocionar sus obras y darse a conocer, que no es poco. Es una fuente inagotable de recursos. Sin embargo, no está pensado para ello. Sus ingenieros deben de preocuparse más por cómo dar cabida a selfies anodinos y vídeos de chorradas que cuidar una producción de valor artístico. Es verdad que en ella se puede descubrir a muchos fotógrafos interesantes, no me cabe duda porque yo lo he hecho. También se puede conocer gente que comparta este amor por la fotografía, claro. Pero para apreciar la obra en las condiciones que ésta se merece, en un medio que le haga justicia, sin duda alguna no es el lugar. Para eso tenemos otras redes sociales que a mi juicio lo intentan con más acierto pero con menos éxito: <i>500px, Behance, Flickr.</i> Y por supuesto la web del artista, y sobre todo, los libros y exposiciones.</p>
<hr />
<p class="p1">Por si algún despistado no sabe quién es Eduardo Momeñe o Vivian Maier, y el sentido de este articulillo no se pilló por completo, dejo aquí unas palabras acerca de ambos.</p>
<p class="p1">El primero, Momeñe, es un reconocido fotógrafo y autor especializado en estética fotográfica. Ha impartido multitud de cursos, talleres y seminarios. Destacó con proyectos como la serie de televisión «La Puerta Abierta» y la revista «Fotografías», ambas consideradas obras de referencia. Inició su carrera en 1974 y desde entonces, sus obras forman parte de colecciones públicas y privadas de varios países. Ha dejado su huella en reconocidas revistas como <i>Vogue, Marie Claire, Elle</i> y <i>Style</i>, que han publicado sus imágenes de moda, ilustración y retrato. Otros libros que se le conocen son «Las fotografías de Burton Norton» y «El placer de fotografiar», así como la coordinación de «pam/Plassu» editados por AfterPhoto. Sus retratos y composiciones de estudio se recopilan en el libro «Eduardo Momeñe» editado en Photobolsillo por La Fábrica. Sus fotografías capturan la atención sin estridencias, interpelándonos con una mirada que ni complace ni desagrada. Su lenguaje es un intento sereno y desesperado de hablar sobre la vida, comparándola con la experiencia de un náufrago feliz, invitándonos a reconsiderar lo que creíamos conocer sin pretender agotar la realidad ni pronunciar la última palabra.</p>
<p class="p1">Y qué decir de Vivian Maier… su historia es fascinante. Nació en 1926 en Nueva York. Mientras trabajaba como niñera utilizaba una cámara Rolleiflex con un pequeño baño como cuarto oscuro donde revelaba alguno de sus carretes. Así pasó toda su vida, documentando las escenas callejeras de Chicago y Nueva York, destacando por su enfoque incansable en la Fotografía. Tras una caída en 2008, falleció en una residencia de ancianos en Oak Park (Chicago) a los 83 años sin ningún reconocimiento a su obra. Fue descubierta por joven amante de la historia: John Maloof, quien en una subasta en 2007 halló todo el tesoro que esta mujer había producido: aproximadamente cien mil negativos, con alrededor de 20.000 a 30.000 carretes sin revelar debido a su escasez económica. Actualmente se he han dedicado decenas de exposiciones por todo el mundo y se han publicado varios libros y documentales sobre ella: Vivian Maier: the color work; Vivian Maier. Street photographer; Vivian Maier: Self-Portraits; etc. Y sí, tiene web: <a href="http://www.vivianmaier.com" target="_blank" rel="noopener">www.vivianmaier.com</a>.</p>
<p>Y para completar el artículo, por si a alguien le han quedado más &#8216;ganas de&#8217;:</p>
<p><iframe title="Eduardo Momeñe: &quot;En fotografía, Instagram es una fosa común&quot;" width="840" height="473" src="https://www.youtube.com/embed/XsoFJAz9OQc?feature=oembed&#038;width=840&#038;height=1000&#038;discover=1" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<blockquote>
<p>Esta es una entrevista fantástica en la que se habla de muchísimos temas y desde la que se abordan muchos puntos de vista con los que me siento fuertemente identificado.</p>
</blockquote>
<p><iframe title="Conferencia Eduardo Momeñe" width="840" height="473" src="https://www.youtube.com/embed/xlSZrI1ydLQ?feature=oembed&#038;width=840&#038;height=1000&#038;discover=1" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<blockquote>
<p>Esta conferencia es un poco más áspera y técnica, pero igualmente lúcida y necesaria para tratar conceptos esenciales de la práctica fotográfica.</p>
</blockquote>
<p>&#8211; Eduardo Momeñe (2009): <em>La visión fotográfica: curso de fotografía para jóvenes fotógrafos</em>.<br />
&#8211; Rick Rubin (2023): <i>El acto de crear: una manera de ser</i>. DIANA.<br />
&#8211; Thich Nhat Hanh (2016): <em>Silencio. El poder de la quietud en un mundo ruidoso</em>. URANO.</p>
</div></div></div></div></div></div><script id="script-row-unique-0" data-row="script-row-unique-0" type="text/javascript" class="vc_controls">UNCODE.initRow(document.getElementById("row-unique-0"));</script></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://raphanook.com/momene-no-tiene-instagram/">Momeñe no tiene Instagram</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://raphanook.com/momene-no-tiene-instagram/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El ruido de la ventana</title>
		<link>https://raphanook.com/el-ruido-de-la-ventana/</link>
					<comments>https://raphanook.com/el-ruido-de-la-ventana/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Aug 2023 18:28:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[redes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://raphanook.com/?p=131969</guid>

					<description><![CDATA[<p>Aunque el problema de Internet viene de lejos, nunca está de más reflexionar acerca del tiempo que pasamos delante de la pantalla, de la calidad de los contenidos que vemos y, sobre todo, del hábito que se nos crea perjudicándonos en otras tareas y ejercicios más saludables.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/el-ruido-de-la-ventana/">El ruido de la ventana</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Abrí la ventana hace más de una década. Lo recuerdo expectante y fascinado como la <em>Noche de Reyes</em>, me parecía imposible que desde aquel receptáculo cuadrado cupiese la oportunidad de contemplar tantas y tantas cosas, quizás todo.</p>
<blockquote><p>Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.<br />
—Albert Einstein, científico.</p></blockquote>
<p>Al comienzo la rendija era muy fiiina, apenas se filtraban unos hilos de luz. Pero el vano fue creciendo cada vez más , y lo que era una brisa suave se convirtió en un vendaval. Y a final, la ventana, de dos hojas, se abrió de par en par como si un torrente de agua la empujase poniendo patas arriba toda la habitación.</p>
<p>Cierta inquietud, hambre de información, qué sé yo; me llevaba a curiosear todos los días y a todas horas. Miraba por si había alguien como la madre que observa escondida a la hija cuando llega tarde a casa; y el caso es que siempre había. La hora era indiferente, la ventana daba hacia una calle tan pateada como el asfalto en un desfile militar, y desde ella, igualmente, se veían otros edificios también con sus respectivas cristaleras, todas ellas tan abiertas como bocas de polluelos hambrientos. Apenas dos o tres persianas eran las que habían cerrado al mundo sus vergüenzas. Quien no paseaba se asomaba para comentar, para decir <em>ji-ji</em>, <em>ja-ja</em>. Y así transcurría el tiempo, sin parar como el agua de río que no se detiene en su viaje hacia el mar. Los mensajes comenzaron siendo cortos y precisos, en plan: <em>oye, bájate y nos vemos en la esquina a tal hora</em>, y cosas de ésas. Pero luego se ve que la pereza ganó la partida y cada uno se acodaba en su alféizar como en la barra de un bar, y horas y horas pasábamos hablando de esto y de aquello. Como digo, no había turnos fijados, igual que los ojos de patio de antaño donde chismorreaban, bastaba con sacar la cabeza en cualquier instante para que alguien respondiera. Y los temas; daba lo mismo, había de todo. Eso sí, se cruzaban unos con otros y en ocasiones resultaba difícil escucharse.</p>
<p>El del quinto, Ignacio, solía gritar tan fuerte que yo, que hablaba desde el tercero, no podía oír bien a la del séptimo. Estaba Pedro, el del segundo, que a cada cosa que decía Rubén, el chico alto del primero, le llevaba la contra y le tildaba de naranja. Naranja era como llamaban a los que pensaban que en la guerra del treinta y seis la culpa la tuvieron los violetas. Violetas… violetas eran los otros, qué más da. Ricardo, el hombre moreno de pelo canoso que vivía en el sexto del edificio amarillo, se asomaba cada domingo y opinaba de los asuntos que iba asuntando cuando andaba por la calle. Lo hacía con esa sabiduría que le habían dado tantos años de un lado para otro, pero muchos le increpaban y lo acusaban de violeta o de naranja según antojo. Era una especie de circo, de camarote de los Hermanos Marx en el que igual participaba un talento gigante que un talento enano. Filósofos y payasos, doctores y mercachifles, elefantes de biblioteca y ratones de la sabana, marionetas emancipadas y directores sin orquesta, luciferes de pacotilla pervertidos por sonrisas de ángeles angelicales, <em>snobs</em> y <em>newhipsters</em> del siglo veintidós punto com.</p>
<p>Asimismo estaban quienes anunciaban lo que iban a desayunar, almorzar o cenar, sacaban el plato al vuelo y venga, decían: mirad qué suculento, qué buena pinta. Y los que te informaban de la película que habían visto (las buenas y las malas), la ropa que acababan de comprarse, la fiesta en la que la pillaron gorda o, los previsores, la fiesta en la que pensaban pillarla. El primo del amigo del sobrino que les visitaba ese fin de semana, una boda de hermanos, una comunión de ateos, cumpleaños todos los días, bautizo, divorcio o grano en el ojo que elogió Quevedo, podían convertirse en noticia, en comidilla de aquel radiomacuto con un zumbido ensordecedor —al que llegué a maldecir varias veces— que atravesaba todas las paredes de mi casa como un tenedor. Tuve que cerrar los cristales cuando pretendía no ser molestado, pero las piedrecitas y los aviones de papel que me lanzaban desde el otro lado entraban sin parar distrayendo mi atención. Y seguían y seguían, curiosamente sin que me parecieran nada pesados. En el barrio acabamos informándonos al segundo, para olvidarlo al instante (1).</p>
<p>Y sin embargo no pude chaparla del todo; la ventana, me refiero. No conseguí resistirme y me asomaba y la abría de cuando en cuando para echar un ojo, dos ojos… Pensar que había gente, a veces desconocidos a los que suponía que quería conocer, me intrigaba. Esa sensación me impulsaba hasta la misma como si estuviese imantada y luego pegajosa.</p>
<p>Mas hoy, después de tanto, decidí cerrarla. Eché la persiana para volver a sentirme sólo conmigo mismo. Había estado así, pero siempre en mis viajes, lejos de casa, sin las curvas de la tentación delante. Y quería sentir lo mismo de otros años y regresar al pasado.</p>
<p>***</p>
<p>Cuatro días sin teléfono móvil ni router, es decir; con la ventana cerrada, me ha parecido una vuelta a otro tiempo. Como digo, me he reencontrado conmigo mismo, he leído y he visto películas. Por fin el tiempo se ha estirado como antes. El día parece que vuelve a tener 24 o más horas y el mundo se ha reducido a dimensiones más acordes con la mía, que es escasa y se agota. En definitiva, la ansiedad del reloj se ha mitigado.</p>
<p><strong>Internet</strong> es un agujero negro en el que todos hemos caído y del que no vamos a salir nunca jamás. Es terrible el futuro que viene cuando nos damos cuenta de que nos enganchamos (hasta dimensiones que no somos aún conscientes) a una máquina que nos ha sumido en un espacio imposible de abordar. La máquina nos carcome el reloj vital interno en cada uno de nosotros, poco a poco pero sin descanso. Sacrificamos el contacto directo con otras personas por culpa de otro invento más que, si no sabemos utilizar, terminará esclavizándonos. Piénsenlo, siempre los hubo, y algunos nunca se fueron: la ropa, la casa o la tierra, el coche, la televisión, y ahora el móvil con Internet…</p>
<p>No simplifiquen, todos ellos utilizados de forma inteligente son eficientes e inmejorables herramientas, no digo lo contrario; pero si nos dejamos llevar (y es tan sencillo) acabaremos por agilipollarnos aun más. Sólo cuando en el día a día apagas el teléfono reconoces la dependencia tan absurda que hemos firmado. Y lo peor: Esto ya es irreversible. Da miedo. Lo llaman <em>Infoxicación</em>. No me invento nada, hay estudios al respecto, lo que ocurre es que los síntomas no han llegado a desarrollar las consecuencias y el alcance real definitivo de todo este asunto.</p>
<p>Si quieren, aunque es paradójico, pueden ver la entrevista a <a title="Isidro Ferrer en LaCaffe" href="https://www.youtube.com/watch?v=ikm6Nh8ALW8" target="_blank" rel="noopener"><strong>Isidro Ferrer</strong></a> (minuto 4:30), un diseñador que propone silenciarse y escucharse a uno mismo huyendo de tantas redes sociales y de tanta interrupción. Pueden leer también el artículo de <em>Atentos a todo… y a nada</em> de <a title="Atentos a todo… y a nada" href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/05/12/actualidad/1305151203_850215.html" target="_blank" rel="noopener"><strong>Sergio Fanjul</strong></a> en <em>El País</em>, o si tienen más tiempo el libro de <a title="Reseña: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras metes?" href="http://www.extoikos.es/pdf/n2/extoikos2_queestahaciendointernet.pdf" target="_blank" rel="noopener"><strong>Nicholas Carr</strong></a> titulado <em>¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? </em>Personalmente, a mí todo esto no me gusta nada. Y sin embargo comprendo las ventajas.</p>
<address><em>Foto de cabecera: Fotograma de la película La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock en el que aparecen sus dos protagonistas: <strong>James Stewart</strong> y <strong>Grace Kelly</strong>.</em></address>
<address>Notaventajas.</address>
<p>Nota: Entrada publicada en blog antiguo.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/el-ruido-de-la-ventana/">El ruido de la ventana</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://raphanook.com/el-ruido-de-la-ventana/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Colitis digital</title>
		<link>https://raphanook.com/colitis-digital/</link>
					<comments>https://raphanook.com/colitis-digital/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rapha Nook]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Aug 2023 08:48:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
		<category><![CDATA[cámara]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
		<category><![CDATA[arte]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://raphanook.com/?p=131809</guid>

					<description><![CDATA[<p>Desde que comenzó la fotografía digital y su aliado las redes sociales no cesan de hacerse fotografías en ingentes cantidades. Es como si nadie quiera perderse nada y deseara registrarlo en su cámara. Sin embargo, la realidad puede ser muy diferente.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/colitis-digital/">Colitis digital</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo cierto tiempo con esto de la fotografía y desde que empecé hace unos cinco años (ya casi veinte cuando vuelvo a subir esta entrada), cada vez se me presenta con más frecuencia la ocasión de hablar sobre la metralla de fotos o la <a href="http://t.co/EEiuS1n">«diarrea visual»</a> a la que se refería <strong>Jimmy Fox</strong>, el editor de <strong>Magnum</strong>. Una práctica que se propagó con el uso de las cámaras digitales y el móvil, que se ha convertido en un apéndice del ser humano.</p>
<p>Cuando nos vamos de vacaciones, cuando nos damos un paseo cualquier fin de semana, asistimos a un concierto o cualquier tipo de evento; lo que nunca puede faltar es la cámara de fotos. Da igual que todos la lleven y que luego puedan pasármelas, <em>sic</em>, cada uno debe colgarse su cámara al cuello. ¿Por qué? Porque de no ser así no podríamos comprobar quién la tiene más grande.</p>
<p>El mundo anda loco y el mercado nos ofrece lo que pedimos los locos. Las cámaras digitales compactas emprendieron una doble carrera: menor tamaño de un lado, mayor número de pixeles de otro. Y reducir el tamaño de una cámara de fotos me parece la mejor idea que puede destinarse para su diseño. Cuanto menos peso y menos espacio ocupe en tu bolsillo, más cómodo será llevarla. En cambio, aumentar el número de píxeles no lo es tanto. Todo el mundo piensa que la calidad de una cámara digital radica en los <em>‘megapízeles’</em> que tiene, y esto no es así. La calidad es una combinación del sensor y de la lente, y por tanto, cuanto mayor es el primero mejor será la calidad de la imagen capturada.</p>
<p>Entonces ¿qué son los <em>‘megapízeles’</em>? Los píxeles son las pequeñas celdas de las que se divide un sensor y por donde debe pasar la luz para recoger la imagen. Así, lo que la peña no sabe es que en una cámara compacta cuando aumentan su número, no aumentan el tamaño del sensor. O sea, que lo que hacen es dividir el mismo sensor en un número mayor de celdas, y por tanto, la luz deberá pasar en un espacio mucho más reducido. Resultado: peor calidad de imagen. Conclusión: en muchos casos una cámara con menos megapíxeles puede tener más calidad, siempre y cuando el tamaño de su sensor sea el mismo.</p>
<p>Pero entonces ¿para qué sirven los <em>‘megapízeles’</em>? Pues para el tamaño final de una imagen sobre el papel. Es decir, con 5 megas ya podemos hacer una copia en papel de aproximadamente un folio A4… con 10 megas, pues el doble o incluso más. ¿Cuántas copias de metro y medio imprimimos? Porque para subirlas a <em>Facebook</em> o <em>Instagram</em> con un par de megas hay de sobra. De todo esto se extrae que tendríamos que preocuparnos más por el tamaño del sensor que por el número de <em>megas.</em></p>
<p>Y ahora viene lo bueno. Algunos dirán que sí, que tengo razón y por eso se han comprado una réflex, que tiene el sensor mayor, el objetivo mayor y que todo lo tiene más grande. Pero ¿creen necesario cargar con una cámara más grande, mucho más pesada, más golosa para los ‘<em>quinquis</em>’, más llamativa para cuando quieres no llamar la atención…? Y todo ello simplemente para subir las fotos a las redes sociales, y (bueno, se me olvidaba) para competir en el concurso de quién la tiene más grande.</p>
<p>Prescindir de comodidad por una supuesta calidad que en realidad enmascara la necesidad que todos tenemos de aparentar, es un auténtico sinsentido. Me parece un poco estúpido ir por ahí con las réflex colgadas del cuello para terminar haciendo fotos <em>domésticas</em>, cuando con una compacta o un móvil se pueden hacer las mismas fotos en esas circunstancias.</p>
<p>Por no hablar de la necesidad de conocimientos para manejar una réflex, tanto con la cámara como con <em>Photoshop</em>; sin duda este último imprescindible para procesar la imagen posteriormente. Y nadie sabe de apertura, profundidad de campo, obturación, histogramas, RAW, etc.</p>
<p>Hay un procedimiento básico para saber si eres uno de esos <em>gilipichis</em>: si disparas tu réflex en modo «automático» no te salva ni Cartier-Bresson de tu incompetencia. Y por supuesto, no estarás a la altura de tu cámara. Obviamente, aunque sé que andan sobrados de inteligencia, no empiecen a poner excusas, cada uno sabrá por qué y para qué tiene una réflex, o la cámara que tenga. Lo que intento es hacer reflexionar sobre su uso y el consumismo desbordado. Yo el primero, ojo.</p>
<p>Pero esto no es lo mejor. Dejemos a un lado ya quién la tiene más grande y vayamos a la raíz de esta perorata. ¿Para qué tantas fotos? Es cierto que el digital nos brinda la ventaja (entre otras muchas, pero no de un modo absoluto) de no gastar un céntimo de diferencia si hacemos 10 fotos como si hacemos 100. Pero, ¿es que es necesario tener cien fotografías del pórtico de la Gloria, otras cien de la fachada principal, otras cien de las jambas, otras cien del botafumeiro, otras cien del mendigo que hay en la puerta pidiendo, otras cien…? Sólo temo a una cosa más que a una mujer que me pida acompañarla para ir de compras; que me quiera enseñar sus fotos del viaje a la Conchinchina o adonde sea.</p>
<p>Hacer miles de fotos cuando uno va de vacaciones, no sólo no es necesario, sino que deberíamos tenerlo prohibido por muchos motivos. El principal y básico: porque no podemos disfrutar del viaje mismo si constantemente estamos obsesionados con sacar fotos, como no podemos degustar tranquilamente un plato de comida si tenemos a una mano la cuchara y a otra la cámara. Estamos más preocupados en echar la foto que de vivir el momento. La fotografía se inventó para capturar instantes especiales, si hacemos mil fotos de todo, todo deja de ser especial.</p>
<p>Es muchísimo más importante vivir que fotografiar. Y me refiero a esos momentos en que uno viaja para absorber imágenes, olores, sonidos, y sensaciones de todo tipo.</p>
<p>Por no seguir hablando del romanticismo que le ha usurpado el digital a la llamada fotografía analógica. Y no me refiero sólo al cuarto oscuro (quién haya revelado un carrete lo sabrá), sino al curso incesante e instantáneo de hacer una foto y poder verla al momento, restando o castrándole a la fotografía de ese momento emotivo en el que uno recogía las fotos del viaje después de días, semanas o meses incluso, sin saber qué se iba a encontrar; o, mejor, en el que uno movía el papel fotosensible después del positivado y veía aparecer esa imagen especial dentro de la cubeta.</p>
<p>Este rollo romántico de la fotografía, de la imprevisibilidad, de lo viejo, etc., es lo que llevan intentando por ejemplo —y consiguiendo en parte— los del movimiento <a href="http://www.lomography.es/">lomográfico</a>.</p>
<p>Había por ahí una cita de <strong>Frank Horvat</strong> que decía: <em>La fotografía es el arte de no presionar el botón</em>.</p>
<p>A quien le interese reflexionar un poquito más, os dejo este interesante (y corto) artículo que encontré buscando la foto para encabezar esta entrada. Pinchen en <a href="http://altfoto.com/2011/09/no-eres-un-fotografo-profesional">ALTFoto</a>.</p>
<p>Nota: publicada en <em>blogspot</em> el 13/09/2011 y revisada.</p>
<p>La entrada <a href="https://raphanook.com/colitis-digital/">Colitis digital</a> se publicó primero en <a href="https://raphanook.com">raphanook</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://raphanook.com/colitis-digital/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
